EL PENSAMIENTO POLITICO DE ROSAS: LA CARTA DE LA HACIENDA DE FIGUEROA.-
Por ADOLFO CAMPOS FILLOL *
El Gobernador interino de la Pcia. de Buenos Aires, Dr. Manuel Vicente Maza encarga al caudillo riojano Juan Facundo Quiroga, que por entonces residía en la ciudad de Bs. As., una misión de pacificación ante un conflicto interprovincial generado entre los gobernadores de Salta y Tucumán, Latorre y Heredia.-
La razón de dicho proceder se fundaba en que, conforme al Pacto Federal de 1831, las provincias no podían encontrase en guerra entre sí y correspondía al gobernador de Buenos Aires como sucesor de la Comisión Representativa que el tratado establecía, y autoridad máxima de la Confederación, intervenir en el conflicto, estimándose que el indicado para mediar en el litigio era el caudillo riojano, por cuanto ambos mandatarios le debían sus respectivos gobiernos.-
Antes de aceptar, Quiroga solicita una consulta con Rosas que se encontraba en su estancia “Del Pino” después de la campaña al desierto que había llevado a cabo en 1833.-
Rosas se pronunció por la urgencia de apagar la anarquía surgida en el norte y mantuvo una reunión con Quiroga y Maza en San José de Flores (quinta de Terrero) donde se dieron al primero las instrucción para llevar a cabo su misión, recomendándole que hiciera ver a los contrincantes que no debían sacrificar a sus disputas internas el triunfo de la causa federal que debían afianzar desde sus respectivos cargos.-
Además en la instrucción 8º se advierte claramente el tenor de las ideas que sostenía Rosas por cuanto allí le expresan que debía aprovechar cualquier oportunidad para hacer entender a los pueblos de su tránsito (por donde debía pasar) “que al presente es en vano clamar por congreso y por constitución bajo el sistema federal, mientras cada estado no se arregle interiormente y no dé, bajo un orden estable y permanente, pruebas practicas y positivas de su aptitud para formar federación con las demás”.-
A la mañana siguiente (18/12/1834) Quiroga emprendió viaje seguido en otro carruaje por Rosas que lo acompañó hasta las cercanías de San Antonio de Areco, donde pernoctaron en la hacienda de Figueroa, lugar en el cual Rosas se comprometió a escribir sus argumentos con relación a la reunión de un congreso y dictado de la constitución y su opinión sobre el conflicto del norte.-
Dos días después, el 20 de Diciembre de 1834 el documento estaba terminado y fue alcanzado a Quiroga por un mensajero. Posteriormente su original sería encontrado con manchas de sangre entre las ropas de Quiroga luego de su asesinato en el camino de vuelta de su misión en Barranca Yaco, jurisdicción de Córdoba y aún se conserva de tal forma en el museo histórico de Luján.-
Un testigo presencial de la ocasión, fue el secretario privado de Rosas, Antonino Reyes, que lo acompañaba en dicha oportunidad como tantas veces lo hiciera y se encargó de transcribir su pensamiento por escrito, quién en una carta que dirige al historiador Adolfo Saldias, fechada en Montevideo el 15 de Setiembre de 1881 le manifiesta sobre este particular: “la marcha fue sin tropiezo hasta que llegamos a la villa de Luján, donde fue recibida la comitiva con muestras de alegría. Y a la oración de ese día llegamos a la estancia de Figueroa, a inmediaciones de San Antonio de Areco donde tuvieron los dos generales la última conferencia, quedando convenidos en que a la madrugada siguiente partiría el general Quiroga, debiendo en seguida marchar un chasque con la carta convenida del general Rozas expresando su parecer en los graves asuntos que se ventilaban y para dar mas fuerza a la misión que se le había encomendado ante los gobernadores disidentes. Esa fue pues la carta que usted debe conocer, como todos, pues se ha publicado varias veces y que está escrita de mi letra, siendo dictada por el general Rozas o hecho por él el borrador, allí en la misma estancia citada y que llevó la fecha 20 de diciembre de l834", para agregar luego “al marchar el general Quiroga de la estancia citada se despidió con muestras de la mayor cordialidad, afecto y amistad, y encareciendo la remisión de la carta, como una necesidad para probar su acuerdo” (publicada por Saldías en el apéndice de “Historia de la Confederación Argentina” en el complemento al capítulo XXV).-
El lugar en que recalara la comitiva también conocido como “Posta de Figueroa” o “Posta de Giles” se encontraba aledaño al camino que uniera por las postas Luján con San Antonio de Areco (antiguo camino real al norte, que conducía al Alto Perú, abierto en 1663), en la proximidad del arroyo o cañada de Giles, a cuatro leguas de la “Posta del Sauce” y tres de la “Posta del Río Areco” (o Posta de Morales), y formaba parte de la Estancia “La Merced” perteneciente en la época mencionada a don José Mauricio de Figueroa, heredero de sus antiguos propietarios, personaje de actuación importante durante los gobiernos rosistas y amigo del restaurador, lo que le valió la calificación de “benemérito vecino”, la cual solo era dada a quienes prestaban notorios servicios al gobierno federal, predio que luego pasó a ser propiedad de su hijo Juan Pio a partir de 1843. En la actualidad ocupa el casco, único reducto sobreviviente de las sucesivas ventas y subdivisiones, un sucesor directo de los primigenios pobladores, Julio Oscar Figueroa Castex, con su esposa y descendencia.-
El área se halla ubicada en el Partido de San Andrés de Giles, próximo a la localidad de Azcuénaga, hoy camino de tierra que une San Antonio de Areco con Luján, siendo oportuno recordar, también como hecho histórico, que en dicho lugar pernoctó mientras era conducido prisionero hacia Buenos Aires, el General José María Paz, el 22 de Setiembre de 1835, hecho que recuerda tristemente en sus memorias como una noche plena de amenazas que tomaron la forma de serenata (1).-
En cuanto al documento histórico que allí se suscribió, su autor se refiere al conflicto entre las provincias del norte, habla de los planes anárquicos de los unitarios y le expone a Quiroga que debe hacer presente a los gobernadores y demás personas influyentes el paso retrógrado que dichos conflictos significan por que alejan a la Nación de la gran obra de la Constitución.-
Luego instruye a Quiroga de la actitud que debe adoptar ante los gobernadores en conflicto si se niegan a pactar o si Heredia llegara a pedir indemnización, cosa que estima improcedente.-
En la segunda parte se explayará sobre su pensamiento político acerca de la constitución y la eventual reunión de un congreso para dictarla haciendo saber que estima ambas cosas inconvenientes.-
Sostiene que los escándalos que se han producido desde años atrás fueron producto del dictado de constituciones (1819-1826) sin tener en cuenta el estado de opinión de las provincias que las rechazaban inmediatamente y que por ello a su juicio se debía vigorizar y ordenar primero a aquellas para labrar sobre esta base la Constitución Nacional.-
Luego se refiere a la forma que debe tener el Congreso, que debe ser convencional y no deliberante, y estipular las bases de la unión federal y no resolverla por votación.-
Según Manuel Gálvez, en su conocida biografía (cap.XI) “en estas palabras de Rosas está todo el sentido realista y oportunista de su política, tan opuesto al doctrinarismo romántico y libresco de sus enemigos”.-
En otros párrafos establece que las atribuciones que la confederación asigne al gobierno general deben dejar a salvo la soberanía e independencia de los estados federales. El tesoro y el ejército deben formarse según los convenios que hagan los estados por medio de sus representantes. El gobierno de una republica federativa no une a los pueblos federados: los representa unidos ante las demás naciones.-
Rosas se pronuncia por una confederación de estados semejante a la de 1778 en los Estados Unidos y coincidía con lo que se había pactado por las provincias en el Pacto Federal de 1831. Los estados son la base de su sistema, siendo éstos soberanos e independientes, delegando en un gobierno general la atribución de representarlos ante el extranjero, así en paz como en guerra, expresando que si no hay estados bien organizados y con elementos bastantes para gobernarse por si mismos y asegurar el orden respectivo, la república federal es quimérica y desastrosa, citando el ejemplo de Estados Unidos, donde solo se aceptaron después de la independencia estados formados cuando pudieron regirse por si solos.-
Alberdi critica esta parte en un artículo publicado en El Nacional de Montevideo, donde expone que la federación que se propone para la Argentina no se parece en nada a la estadounidense, expresando que si así fuera faltarían siglos para constituirse por el tiempo que llevaría a cada provincia ser un estado bien organizado en si mismo con su soberanía e independencia propia. Consideraba, por el contrario, que el trabajo de la organización general debía ser simultáneo al de las provincias complementándose mutuamente por ser dos fases o aspectos de un trabajo único que debe comenzar simultáneamente y criticaba a Rosas porque en todo caso debía haber empezado dando el ejemplo en la Provincia de Buenos Aires.-
Muchos párrafos siguientes, según sostiene Levene (Historia del Derecho Argentino, T. VIII, pag.366), se pierden en una selva de exigencias muchas de ellas insignificantes, que dan la impresión de que su autor estaba empeñado en forjar inconvenientes para demostrar la imposibilidad de reunir un congreso general, como si no se contara con la experiencia de los reunidos en 1813, 1816 y 1824.-
Así por ejemplo detalla como debe en su opinión establecer la constitución el régimen de gobierno, su organización, personas y atribuciones, su lugar de residencia, para lo cual vuelve a comparar con EE.UU. que necesitó fundar una ciudad diferenciada del resto de los Estados (Washington).-
Luego habla de la organización económica mediante la creación de un fondo nacional permanente para pagar los gastos generales ordinarios y extraordinarios y el pago de la deuda nacional, al que debe contribuir cada estado federado en proporción a la población o como los mismos lo crean mas conveniente.-
Después de esto se debe establecer lo relacionado con el nombramiento del jefe de la republica y gobierno general, pero advierte que todo ello no es posible en el estado triste y lamentable que se halla el país.-
Entonces concluye en que no hay otro arbitrio que el de dar tiempo a que cada gobierno promueva por sí el estado de paz y tranquilidad y recién cuando esto se haga viable, los gobiernos (se refiere a la provincias) podrán negociar amigablemente las bases para colocar las cosas en tal estado que cuando se forme el congreso no tenga mas que marchar llanamente por el camino que los pueblos de la republica le han designado, pero advertía que esta sería una obra lenta “después de haberlo destruido todo y tener que formarnos del seno de la nada”.-
Ernesto Quesada (La época de Rosas) considera que las ideas expuestas sugieren la formación de una Confederación de estados en la cual intervienen las provincias como entidades políticas semisoberanas y no de una república federal, agregando que si (Rosas) hubiera tenido oportunidad de influir en la formación constitucional habría ejercido una acción perniciosa inclinándola en el sentido de una Confederación que ya la experiencia política de otras naciones había condenado.-
Por su parte Enrique M. Barba en el estudio preliminar que efectúa en la obra “Correspondencia entre Rosas, Quiroga y López” (ed. Hachette, 2a.ed., 1975) opina que “esa carta es el espejo en que se refleja el espíritu exageradamente minucioso de Rosas. La prolijidad, la preocupación por lo microscópico inundan todo el escrito. En una carta en la que aspira a generalizar su posición política a todo el país, pone como obstáculo serio a la reunión de un Congreso general, nada menos que los gastos que ocasionarían el alquiler de la casa, los muebles, el alumbrado, etc.”.-
La misiva de que se trata, resulta un elemento de vital importancia para conocer el criterio que guió a Rosas respecto de la organización nacional, y la posibilidad de concretarla mediante la convocatoria de un congreso general constituyente, cuestiones sobre las que dejó evidenciada su disconformidad, y según Manuel Gálvez, (op. cit.), “es un notable documento doctrinario, que basta para mostrar al gran estadista que hay en Rosas”.-
Cuando la carta se publicó por primera vez en “La Gaceta Mercantil” nº 4735 el 18 de abril de 1839, de donde la copió Alberdi quién la incluyó en “El Nacional” de Montevideo nº 124, este último criticó las ideas de Rosas en estos términos: “Rosas no quiere la Constitución de la Republica Argentina, ni por ahora ni por nunca. Cada vez que diga lo contrario miente; nosotros nos atendremos a sus hechos, no a sus palabras. La razón de esto es clarísima. No es menester advertir, sino que Rosas es un dictador para ver que él jamás podrá querer un sistema que destruya al de gobernar según su voluntad sin límites. Un tirano no tiene voz en materia de Constitución, porque la Constitución es la muerte de la tiranía”.-
Lo cierto en que las ideas que en ella se exponen no son sino una reiteración ampliada del pensamiento reiterativamente expuesto por su autor sobre el particular, que se reitera en las manifestaciones hechas al brigadier Estanislao López el 6 de Marzo de 1836 en una carta en la que con toda intencionalidad critica con no disimulada inquina a quienes consideran que el país se resiente y retrograda por falta de Constitución, donde expresa con cierto sarcasmo: “de lo que se deduce que cuanto antes y sin pérdida de momento debemos tratar de que se reúna un Congreso Nacional que nos de un cuadernito con el nombre de Constitución, para cuya formación se inviertan ingentes miles de pesos, insuman su tiempo todos los gobiernos, desatendiendo otros asuntos vitales y del momento, se pongan en juego todos los unitarios e integrantes, y en alarmas y desconfianzas los pueblos, se promuevan cuestiones odiosas y acaloradas que nadie pueda resolverlas dejando en tranquilidad la República; y por último resultado, unos estén por parte del cuadernito, otros, por otra, algunos la reprueben del todo, entre aquellos se dispute la parte que se deba adoptar, éstos no la quieran reconocer y la República toda se vea convertida en un teatro de anarquía y de horrores, como ha sucedido siempre que se ha querido organizarla de este modo, sin guardar el orden lento, progresivo y gradual con que obra la naturaleza, ciñéndose para cada cosa a las oportunidades que presentan las diversas estaciones del tiempo y el concurso mas o menos eficaz de las demás causas influyentes”.-
Sea como fuere lo cierto es que Rosas no se mostraba partidario de la mencionada reunión constituyente hasta tanto las provincias no estuvieran organizadas internamente y no se avizoraba un plazo cierto para que esto se concretara, los que muchos historiadores consideran como un mero artilugio para conservarse en el poder indefinidamente, ejerciendo la suma del poder publico, las facultades extraordinarias y la representación de las relaciones exteriores que aquellas le delegaban periódicamente, por lo cual no consideraba conveniente cumplir con lo pactado en 1831 retirando, luego de una larga disputa con López sobre el particular, el delegado de Buenos Aires a la Comisión cuya creación se establecía en el Pacto Federal para que convocara a un Congreso Constituyente, motivo por el cual el mismo quedó en suspenso sine die.-
En dicho sentido José Rafael López Rosas, en su “Historia Constitucional Argentina (ed. Astrea, 1981, pag.451) opina que “de los documentos mencionados y del análisis de los hechos que configuran su actuación, podemos inferir, sin ningún titubeo, que el omnímodo restaurador de las leyes retrasó por más de veinte años la organización de la República, siendo su aporte institucional nulo y nocivo al proceso federal. No quiso organización ni ley fundamental en 1831, ni veinte años después. Así lo demuestra en 1851 cuando ve próximo el alzamiento de Entre Ríos”.-
Esta actitud fue denunciada por Urquiza, quién se dirigió a los gobiernos provinciales el 5 de Abril del año mencionado en la que les declara que “cansado de esperar ya un cambio, una modificación racional en la política del General Rosas, ha resuelto al fin ponerse a la cabeza del movimiento de libertad con que las provincias deben sostener sus pacto federales, no tolerando el criminal abuso que el gobernador de Buenos Aires ha hecho de los imprescriptibles derechos con que cada sección de la República contribuyó por desgracia a formar ese núcleo de facultades que el general Rozas ha extendido al infinito....”.-
Ello lo determinó, el 1º de mayo del mismo año, a pronunciarse públicamente en un acto celebrado en la Plaza de Concepción del Uruguay, en contra de esa política, decidiéndose a no renovarle el encargo de las relaciones exteriores, aceptando la renuncia periódica que Rosas hacía, reasumiendo en su carácter de gobernador de Entre Ríos la autonomía de esa provincia, para así pactar con Brasil y Uruguay suscribiendo el tratado que posibilitó la liberación del sitio de Montevideo y la formación de un ejercito conjunto que llevaría al derrocamiento del mencionado gobernador en la batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852, y su posterior exilio en Inglaterra.-
Luego convocaría a los gobernadores de todas las provincias a reunirse en San Nicolás de los Arroyos donde los concurrentes firmaron el acuerdo que posibilitó la reunión del Congreso Constituyente de Santa Fe, que se inauguró solemnemente el 20 de Noviembre de 1852, leyendo el ministro de Relaciones Exteriores Juan B. De la Peña un mensaje enviado por Urquiza en el que manifestaba: “saludo en vosotros a la Nación Argentina, y la felicito en vosotros, con toda la efusión de que es capaz mi alma. El deseo de muchos años se cumple en este día. Los gobiernos del litoral descansan hoy del peso de sus compromisos contraídos desde 1831", para agregar luego “el pronunciamiento del 1º de Mayo que hice a las márgenes del Paraná, tuvo su cumplimiento el día 3 de febrero a las orillas del Plata. “Constitución para la República”, llevaba escrito en mis banderas, y en el general Rosas se venció el principal obstáculo para la realización de ese voto, sofocado, pero vivo en todo nuestro territorio, desde el litoral hasta las cordilleras”.-
Con una exhortación a los diputados, termina diciendo: “aprovechad augustos representantes de las lecciones de nuestra historia y dictad una Constitución que haga imposible en adelante la anarquía y el despotismo. Una nos ha llenado de sangre. Otra, de sangre y de verguenza. La luz del cielo y el amor a la patria os iluminen”.-
La Carta Magna fue aprobada el 20 de Abril de l853 y suscripta por todos los constituyentes el 1º de Mayo, siendo promulgada por Urquiza, que se encontraba por entonces en San José de Flores, el 25 de Mayo de 1853, disponiendo que fuese jurada, obedecida y defendida por el pueblo, el día 9 de Julio, constituyéndose aquel instrumento (el “cuadernito” de Rosas), luego de solucionada la controversia que originó la separación de Buenos Aires de la confederación, en la herramienta fundamental para la solución de las antinomias que dividieron y ensangrentaron el país durante 40 años de luchas intestinas, siendo, con sus modificaciones posteriores, la hoy nos rige y de cuya sanción se ha celebrado el 150 aniversario, una fecha que merece una especial consideración por la trascendencia que la misma tuvo para organización definitiva del país bajo la forma representativa, republicana y federal.-
ADOLFO CAMPOS FILLOL
(1) Las referencias que anteceden fueron tomadas de la obra “Hacienda de Figueroa, pequeño testimonio de una gran historia”, escrita por iniciativa del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires, editada en Mercedes, en 1989, cuya consulta fue posible debido al ejemplar gentilmente facilitado por el Dr. Carlos Sanz).-
* El autor fue funcionario y magistrado judicial, profesor adjunto de la materia Historia del Derecho Argentino de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina y ex profesor adjunto de la misma materia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.-
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